INGENIERÍA CIVIL EN MÉXICO 
En la década de los años cuarentas México vivió una de las etapas de mayor progreso y transformación de su historia. Una vez salvados los problemas políticos generados por la Revolución Mexicana de 1910, las fuerzas económicas se convirtieron en el motor principal de dicho progreso. La Segunda Guerra Mundial fue uno de los principales impulsos de la industrialización de nuestro país, objetivo fundamental de la política económica de aquel momento. En este ambiente de estabilidad política, de crecimiento y como parte del esfuerzo nacional por contar con mejores herramientas para el desarrollo, el Congreso de la Unión promulgó la Ley Reglamentaria de los Artículos 4° y 5° Constitucionales Relativos al Ejercicio de las Profesiones en el Distrito Federal y Territorios Federales, el 26 de mayo de 1945. Hasta la promulgación de la Ley de Profesiones que establece la figura de los colegios de profesionales, los ingenieros civiles mexicanos se agrupaban en la Asociación de Ingenieros y Arquitectos de México, organización fundada en 1868. La discusión previa a la aprobación de la Ley de Profesiones generó un ambiente que favoreció la formación de una comisión organizadora para promover la fundación de un Colegio de ingenieros civiles. El llamado "núcleo organizador" se integró por los ingenieros civiles Guillermo Terrés, Juan Manuel Sánchez, Alberto Ortiz Irigoyen y Miguel Alberto Mantilla, encabezados por Francisco Gómez Pérez y Grinda, quienes con gran entusiasmo convocaron a sus colegas a participar en una organización que representara y defendiera los intereses del gremio en particular. Ante la positiva respuesta de los convocados el 15 de febrero de 1946 se inició la Asamblea General Constituyente del Colegio de Ingenieros Civiles de México. Al iniciarse los trabajos de la Asamblea General Constituyente declarada en sesión permanente se habían registrado ya, 302 solicitudes de adhesión. Tras cinco reuniones en las que se analizaron los principios que habían de fundamentar a la organización, el 7 de marzo de 1946 se eligió el I Consejo Directivo integrado por: Presidente: Luis Rivero del Val Vicepresidente: Miguel Alberto Mantilla Primer secretario propietario: Alberto Ortiz Irigoyen Segundo secretario propietario: Juan Manuel Sánchez Primer secretario suplente: Luis Lozano Mendizábal Segundo secretario suplente: Rafael Rosell Tesorero: Francisco Cravioto Sub tesorero: Vicente Cordero Tras la elección de la directiva y la aprobación de los estatutos, el presidente del I Consejo Directivo declaró formalmente constituido el Colegio de Ingenieros Civiles de México, el 7 de marzo de 1946. Ciento cincuenta y ocho ingenieros civiles titulados, fundaron el Colegio en 1946, a partir de ese momento la membresia ha crecido paulatinamente. Al cumplir diez años de actividades se conformaba por 699 miembros. Al celebrar su veinticinco aniversario la membresía ascendía a mil 478 socios. En 1996, año en que el Colegio celebra medio siglo desde su fundación la organización se integra por 10 mil 452 socios. Entre los objetivos del CICM destacan: el impulsar la Ingeniería Civil, unir a los ingenieros civiles para pugnar por su mejoramiento profesional, establecer relaciones fraternales con los demás colegios de profesionales; promover la expedición y la reforma de leyes y reglamentos relativos al ejercicio de la profesión y servir de árbitro en los conflictos entre profesionales o entre éstos y sus clientes cuando las partes lo acepten. Asimismo el compromiso de vigilar que el ejercicio de la ingeniería se realice en el más alto plano moral y legal y promover la cultura en la sociedad y las relaciones con los Colegios de similares en el país y en el extranjero. Una de las metas más importantes del Colegio es la de prestar la más amplia colaboración al poder público como cuerpo consultor en problemas de ingeniería civil para poner al servicio de la nación su experiencia para una mejor planeación global de la infraestructura y el desarrollo del país. El Colegio se integra por miembros y afiliados. Para ser miembro es necesario ser mexicano por nacimiento o naturalización, estar en pleno uso de sus derechos civiles y poseer título legalmente expedido y registrado ante la Dirección General de Profesiones (DGP) de la Secretaría de Educación Pública. Para ser afiliado se requiere ser pasante de ingeniero civil, tener autorización de la DGP para realizar la práctica profesional y ser mexicano en pleno goce de sus derechos civiles. Los miembros del CICM tienen derecho a mencionar su membresía en su ejercicio profesional, participar en las actividades del Colegio, ser representados por la agrupación para los efectos de la Ley de Profesiones, ser defendidos por el Colegio en caso de acusaciones o imputaciones deshonrosas, previo acuerdo de la Junta de Honor, y asistir a las Asambleas Generales con voz y voto. Los afiliados por su parte, gozan de los mismos derechos de los miembros excepto por el voto en las Asambleas en las cuales solo tienen voz. En 1949, en respuesta al interés de algunos asistentes al Primer Congreso Internacional de Ingenieros Civiles organizado por el CICM por formar parte de éste organismo, fue creada la categoría de Miembros Correspondientes para aquellos colegas no mexicanos que se han distinguido en su ejercicio profesional. Entre los deberes de los colegiados se consideran el cumplir con las normas de ética profesional que establezca la Junta de Honor, colaborar con el Colegio en el cumplimiento general de sus fines, cumplir con las obligaciones impuestas por la Ley de Profesiones, cubrir las cuotas correspondientes a su membresía y desempeñar los cargos y comisiones que les encomiende el CICM. El espíritu que impulsó y que ha impregnado al Colegio de Ingenieros Civiles de México a lo largo de su existencia es el de servicio, es el anhelo de un grupo de profesionales amantes de su carrera por contar con una agrupación que representara a los intereses del gremio y que estimulara la superación y la dignificación de la profesión. En el momento de la fundación el país enfrentaba grandes retos y muy especialmente el de construir una infraestructura nacional de acuerdo a la época y a las necesidades de todos los mexicanos. El CICM con plena conciencia de su compromiso social de servir como cuerpo consultor a los diversos organismos del sector público, desde su fundación realiza reuniones y entrevistas con servidores públicos con capacidad de decisión, y con miembros de las cámaras legislativas, a fin de plantear sus inquietudes y propuestas sobre problemas de su competencia tales como vivienda, educación infraestructura y conservación del ambiente. De igual manera se ha reunido con diversos presidentes de la República Mexicana para plantearles propuestas de solución a los retos que enfrenta el país en el campo de la Ingeniería Civil. Durante sus cincuenta y dos años de existencia como cuerpo colegiado la organización ha tenido veintiséis consejos directivos, la transferencia de la estafeta ha significado para el Colegio la revitalización constante de los compromisos esenciales de la organización, la reafirmación de los programas establecidos y la generación de nuevos proyectos. El mundo se ha transformado vertiginosamente después de la Segunda Guerra Mundial. Nuestro país no quedó al margen de esos cambios y en respuesta a las necesidades generadas, el gremio de los ingenieros civiles ha mostrado una tangible superación para responder adecuadamente a las demandas de la situación actual. Sin embargo, los principios fundamentales que impulsaron la fundación del CICM continúan vigentes. A medio siglo de su nacimiento el Colegio ha progresado en la consecución de sus metas, no obstante estos logros aún tiene grandes retos que enfrentar y objetivos que cumplir, siempre, con la profunda convicción de servir a la patria estimulando una mejor y ética práctica profesional de los ingenieros civiles. .
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